lunes, 11 de junio de 2018

Germán Peralta, Priscila Yocelín


La  Declaración Universal de los Derechos humanos (DUDH) fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París de 1948, tras los sucesos ocurridos antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Los  artículos constituyen el marco de referencia al que deberían ajustarse todas las leyes y actuaciones políticas. Los derechos humanos establecen las condiciones indispensables para garantizar la dignidad humana y hacer posible que las personas vivan en un entorno de libertad, justicia y paz. Hablan del principio de igualdad, del derecho a la vida y a no sufrir torturas, del asilo, de la libertad de expresión y de conciencia, pero también de la educación, la vivienda y del acceso a la salud y a la cultura.

Creo  que la educación en derechos humanos es fundamental para abordar las causas profundas de las violaciones de estos derechos. Creando un entorno propicio al pensamiento crítico, damos espacio a las personas para que reflexionen sobre sus propios valores y actitudes y, en definitiva, modifiquen su propia conducta. Sirve para prevenir los abusos contra los derechos humanos, combatir la discriminación, promover la igualdad y fomentar la participación de la gente en los procesos de toma de decisiones.

Si bien sabemos la familia, la escuela, el Estado y la sociedad son agentes que integran y desarrollan la educación, aquellas situaciones de relación entre las personas  en las cuales se pretende que cada niño, adolescente o adulto pueda alcanzar de modo más completo su bien privado. En estas situaciones, todos tenemos que ordenar intencionalmente nuestras disposiciones para cumplir los derechos y obligaciones que nos pertenecen a fin de que lo social se realice correctamente.

La educación en derechos humanos es un proceso que cualquiera puede emprender, a cualquier edad y en cualquier lugar, para aprender sobre sus derechos humanos, los de otras personas y la manera de reclamarlos. Sirve a las personas para desarrollar las habilidades y actitudes necesarias para promover la igualdad, la dignidad y el respeto en sus comunidades y sociedades y en todo el mundo.

La educación es cultura y, por tanto, tiene sentido afirmar que la función del profesional de la educación es transmitir cultura, por ello el trabajo del interventor educativo es la realización de aquellas acciones que pueden ser intencionales para conducir a aquel estuante de cualquier edad o institución a lograr un desarrollo integral que pueda ser beneficioso tanto en su vida personal como en las relaciones de ciudadano perteneciente a una nación, estos procesos pueden llevarse de manera formal, no formal e informal, el fin es lograr una meta futura.

Toda persona tiene derecho a disponer de información clara y suficiente sobre los derechos humanos, así como al acceso a la educación y formación en materia de derechos humanos. Los nuevos profesionales en la educación debemos de darnos a la tarea de innovar garantizando a nuestros alumnos desde temprana edad conocer y aprender sobre sus derechos humanos, tal y como establecen múltiples instrumentos nacionales, regionales e internacionales, razón por la cual el interventor educativo debe estar especializado para ofrecer un programa específico en el cual tanto maestros, padres y alumnos se vean forzados a trabajar en conjunto con este tema que es de suma importancia y que lamentablemente en pleno sigo XXI hemos dejado de lado.

La enseñanza no tiene límites, ni edades, de ahí la responsabilidad y el deber del interventor educativo de hacer llegar a la educación formal contenido en los cuales se dé a conocer los derechos humanos, reclamarlos y disfrutarlos en cualquier momento de su vida, empleando en su máxima eficacia métodos de aprendizaje inclusivos, participativos y democráticos que fomentan la libertad de expresión y el análisis crítico, y que respetan los derechos tanto de quienes imparten la formación como de quienes la reciben. 

En conclusión, para el tema de derechos humanos, la educación, además de ser en sí misma un derecho, es un arma muy potente y muy necesaria, indispensable por muchos y variados motivos, por todo lo expuesto, considero de vital importancia que se promuevan desde las instancias pertinentes “Cultura de los Derechos Humanos” como pilar esencial para todas las sociedades. Si conseguimos que en el interior de toda persona, por el hecho de haber sido educado en los Derechos Humanos, cambien nuestra relación como sociedad,  el entendimiento y el respeto entre las comunidades será algo más que una lejana ilusión.

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